Niebla es el recuerdo de mi infancia en Armenia: mi mamá despertándome temprano para ir a la escuela, las mañanas frías, la respiración visible en el aire, la resistencia a levantarme y el peso suave del día comenzando.
Es la hierba mojada al amanecer, el olor del rocío, la luz apagada detrás de las montañas y el calor lento que llega con el sol.
Niebla representa un momento de transición: el estado más ligero del agua. Lenta y silenciosa, se mueve en una danza cansina de madrugada; densa y silenciosa, con su aroma frío y su mirada entrecerrada.
Es la calma antes del día, y también la nostalgia de lo que ya pasó.